A diferencia de la mortalidad y la fecundidad, la migración es una variable demográfica difícil de aislar, no sólo porque su causa puede llevar al migrante a ocultar o negar el movimiento migratorio, sino también porque los instrumentos de recolección de información no siempre establecen las preguntas para estimar adecuadamente el fenómeno. A diferencia de las otras dos variables, tampoco es fácil de prever el comportamiento de esta variable; aquéllas mantienen cierta inercia en su comportamiento, mientras ésta puede estar sujeta a inflexiones imprevistas, en respuesta a estímulos socioeconómicos, políticos, ecológicos, bélicos, cataclismos naturales, etc. Este capítulo se centra en tratar de cuantificar el fenómeno migratorio, y de vincularlo a las posibles causas originadas por esos condicionantes. Para propósitos analíticos, el capítulo se divide en dos partes: en la primera se analiza la migración interna y en la segunda la internacional. 1. Hipótesis para una Interpretación Histórica de la Migración Interna2. A la llegada de la colonización española, la población indígena estaba concentrada principalmente en la meseta central del país, principalmente en los actuales departamentos de Sonsonate (pueblos Izalcos), La Paz (pueblos Nonualcos), San Salvador y La Libertad. Sin embargo, debe señalarse que Dinámica de las Migraciones en El Salvador. Arnoldo Sermeño1 El autor analiza el fenómeno migratorio en El Salvador, tanto el que se dio en su interior, como hacia el exterior. Hace un análisis minucioso de las causas que forzaron a la migración. Hacia al interior constata que dichas inmigraciones estuvieron unidas a la especialización regional de la producción, y en relación a la emigración al extranjero constata la importancia que tuvo el conflicto armado sobre en los años 80. TEORIA Y PRAXIS No. 9, Noviembre 20066 1. Secretario de SISCA 2. Sermeño Lima, J. A., Medición e Interpretación Histórica de los Movimientos Internos de la Población de El Salvador, FLACSO, San Salvador, El Salvador, Colección Aportes No. 6, 1999 aunque eran menos numerosos que en la meseta central, para esa época también había pueblos indígenas con poblaciones considerables en la meseta norte del país.3 La distribución de la población ha cambiado con el tiempo. La pregunta que debe plantearse es: ¿Cuales son los factores que condicionaron la transformación de la distribución geográfica de la población? Dicho de otra manera, debe intentarse explicar los elementos que han contribuido a dar forma al modelo de concentración geográfica de la población salvadoreña. Se tratará de estudiar este fenómeno desde una óptica general, que afecta a dos aspectos íntimamente ligados, que se tratarán por separado únicamente por necesidades expositivas: ·La especialización regional de la producción. ·El rol de las ciudades, principalmente de la capital, San Salvador. 1.1. La Especialización Regional de la Producción. Tradicionalmente, la agricultura fue el principal rubro económico del país, especialmente la vinculada a los cultivos de exportación. Estos han cambiado en diferentes momentos de la historia, y sus modificaciones han incidido en los desplazamientos geográficos de población. Estos han estado ligados al tipo de producto predominante en cada época, a sus métodos de trabajo, a la cantidad de mano de obra que necesitaban y, de manera general, a las contingencias vinculadas al medio ecológico necesario para esos productos (calidad del suelo, altitud, etc.) Durante el período colonial, el principal producto de exportación fue el añil. A pesar de haber sido el principal cultivo de la época, también deben tomarse en cuenta otros dos productos que determinaron el comportamiento de algunas poblaciones indígenas: el bálsamo y el cacao. A partir del siglo XIX, el café se convirtió en el principal producto de la economía nacional. 1.1.1. El Bálsamo y el Cacao. El bálsamo y el cacao ya eran conocidos desde antes de la llegada de los españoles. Se producía cacao en todo el país, pero principalmente en la región occidental, en los pueblos Izalcos del actual departamento de Sonsonate4. Este departamento y su vecino, Ahuachapán, eran por otra parte los principales productores de bálsamo. Los pueblos habitados por los 7Dinámica de las Migraciones en El Salvador. Arnoldo Sermeño 3. Browning, D., El Salvador. La Tierra y el Hombre, Ministerio de Educación, San Salvador, El Salvador, 1975. 4. Mac Leod, M., Spanish Central America, A Socioeconomic History 1520-1720, Berkeley, University of California Press, 1973, Mapas 20 y 22. Nonualcos, en el departamento de La Paz, producían también una cantidad considerable de cacao5. La calidad de las técnicas que los indígenas habían desarrollado para el cultivo de estos productos les permitió obtener el respeto y la protección de los españoles. La relación indígena-español en esta región fue diferente a la que prevaleció en el resto del país, pues los españoles que se instalaron ahí fueron principalmente comerciantes -que compraban el producto a los indígenas-, y no soldados o propietarios de haciendas. Más importante aún, ellos estimularon la producción de los indios y los protegieron contra los otros españoles que pedían la autoridad absoluta sobre la región6. Esta coyuntura permitió a estas poblaciones indígenas conservar sus tradiciones, sus lenguas y continuar con una agricultura de subsistencia sobre sus tierras comunales, incluso después de la caída de la producción de estos productos, como consecuencia de la disminución de la población a causa de epidemias (viruela, rubéola y fiebre amarilla, principalmente). La producción de cacao sufrió también el efecto de la competencia internacional de las plantaciones de Guayaquil y Venezuela. Esta disminución de la población no detuvo toda la producción de la región durante el siglo siguiente, pero en 1800 la producción de cacao y bálsamo ya era muy poca. Sin embargo, la naturaleza de estos cultivos, así como el carácter particular de su producción, son importantes tanto para explicar la concentración de población en estas regiones, como también para comprender la resistencia cultural y económica de las comunidades indígenas de estas regiones. 1.1.2. El Añil. Las propiedades colorantes del añil eran conocidas por los indígenas antes de la llegada de los españoles. Por otra parte, en Europa se le utilizaba desde los tiempos del imperio romano. Durante la colonización española, las autoridades coloniales centrales mostraron mucho interés por esta producción, debido a la fuerte demanda internacional que tenía este producto, para satisfacer las necesidades de la industria textil europea. Los archivos muestran una abundante correspondencia sobre este tema, principalmente en lo concerniente al intercambio de técnicas de producción. De manera diferente al bálsamo y al cacao, la producción de añil sí era controlada por los colonizadores. Debido a la fluctuación de precios, éstos TEORIA Y PRAXIS No. 9, Noviembre 20068 5. Browning, D., Op. Cit., 1975, Mapa 5 y pag. 100. 6. Idem, pp. 104, 105, 106 y 115. 7. Browning, D., Op. Cit., 1975, mapas 4, 6, 7 y 13 8. Smith, R., “Forced Labor in the Guatemalan Indigo Works”, The Hispanic American Historical Review, Duke University Press, Durham, North Carolina, Vol. 36, 3, 1956, pp. 319-328. Ver pag. 322 9. En Browning, D., Op. Cit., 1975, pp. 127-128, puede leerse sobre investigaciones efectuadas en 1636 por el alcalde de San Salvador y un sacerdote católico. 10. - Smith, R., “Indigo Production and Trade in Colonial Guatemala”, en The Hispanic American Historical Review, Duke University Press, Durham, North Carolina, Vol.39.2 1959, pp.191-211. Ver pp 197, 198, 201 y 202. - Browning, Op. Cit., 1975, pp. 119 y 263. nunca consagraron una explotación agrícola exclusivamente al cultivo del añil, sino que la combinaban con otros cultivos y la ganadería. Por consiguiente, necesitaban cierta cantidad de mano de obra permanente en sus explotaciones, tanto para los trabajos permanentes en las plantaciones de añil, como también para los trabajos de los otros cultivos y, además, también tenían necesidad de una cantidad considerable de mano de obra estacional para la cosecha y para la transformación de la planta en el colorante, en los obrajes de las explotaciones. A causa de esta necesidad de mano de obra, los españoles instalaron sus haciendas y pueblos cerca de los pueblos indígenas7. Por lo tanto, las comunidades indígenas no eran solamente el recurso ideal de mano de obra para estas haciendas, sino que también permitían asegurar la reproducción de esta mano de obra en el marco de economías de subsistencia, sin costo para las explotaciones de los españoles. Cuando las comunidades indígenas próximas a las haciendas no les satisfacían suficientemente sus necesidades de mano de obra, los españoles tenían el derecho de provocar migraciones forzadas8, recurso que utilizaron muchas veces, si se juzga por las quejas de las autoridades coloniales y de los sacerdotes defensores de los indígenas9. En esas quejas, es frecuente encontrar descripciones afirmando que pueblos enteros eran vaciados por migraciones forzadas en la época de cosecha del añil, mientras que la ley colonial sólo autorizaba el desplazamiento del 4% de la población masculina de los mismos. El número de personas que desplazaban hacia las haciendas durante la cosecha era considerable, si pensamos que se necesitaban 200 libras de hojas del arbusto para producir de 8 a 12 onzas de añil, en una época en la cual la producción salvadoreña de ese producto era la más importante de América Central, pues a ella perteneció el 91% de la producción de toda la región entre 1783 y 179210. Las migraciones forzadas estaban vinculadas con un aumento en la mortalidad, ya fuese por malos tratos –o por las difíciles condiciones de salubridad que existían en los obrajes (debidas principalmente a la fermentación del añil que ahí se producía)- o también por el aumento de la morbilidad e incluso 9Dinámica de las Migraciones en El Salvador. Arnoldo Sermeño la mortalidad en las familias cuyos miembros del sexo masculino habían sido obligados a migrar hacia las haciendas, abandonando así los trabajos necesarios para la subsistencia del resto del grupo familiar11. Por lo tanto, las haciendas y las comunidades indígenas coexistían como una unidad contradictoria: las haciendas tenían necesidad de las comunidades indígenas para satisfacer sus necesidades de mano de obra; por lo que se permitía su existencia, para garantizar que esas comunidades indígenas proveyeran los medios de sobrevivencia a la respectiva mano de obra indígena, sin que las haciendas tuvieran que asumir los gastos que ello implicaba. Sin embargo, a la vez, al utilizar la población de las comunidades, estas explotaciones las diezmaban, tanto por las migraciones forzadas como también por el aumento de la mortalidad y también, en alguna medida, cuando contrataban algunos indígenas como colonos, para procurarse la mano de obra permanente indispensable. Como resultado de esta contradicción, las comunidades indígenas que sobrevivieron fueron principalmente las situadas más cerca de las haciendas -es decir, las que fueron menos afectadas por las migraciones forzadas y sus consecuencias- y, especialmente, aquéllas que tenían una cohesión cultural más fuerte. Así, al comparar las villas al inicio y al final del período colonial, se constata una disminución de la población de los pueblos de la meseta norte del país y una concentración de población en aquéllos de la meseta central, donde la producción de añil se había concentrado a final de dicho período, y donde las comunidades indígenas eran relativamente más fuertes12. Sin embargo, al final del siglo XVIII y durante la primera mitad del XIX, la producción de añil y la concentración de la población cambiaron. El precio y las exportaciones de añil aumentaron considerablemente durante la primera mitad del siglo XIX13, como consecuencia del incremento en la demanda que generó la primera revolución industrial sobre el crecimiento de la industria textil europea y estadounidense. Al interior del país, la producción del añil aumentó durante este período, especialmente en los departamentos del norte y del este, así como también en San Vicente14. Esta situación fue precedida desde el último cuarto del siglo XVIII por un aumento de las exportaciones y del precio del añil, especialmente entre 1783 TEORIA Y PRAXIS No. 9, Noviembre 200610 11. Smith, Op. Cit., 1956, pag.323. 12. Browning, Op. Cit., 1975 13. Smith, Op. Cit., 959, pp. 197, 201 y 202 14. Browning, Op. Cit., 1975, mapa 17. Debe agregarse que, según reporta M. Rubio en La Historia del Añil o Xiquilite en Centroamérica (Ministerio de Educación, Dirección de Publicaciones, San Salvador, El Salvador 1976, 2 Vols.; ver pags. 211- 214 del Vol. 1); y Browning (Op. Cit., 1975, pag. 250), la escasa producción de añil de los departamentos de Chalatenango y Cabañas a mediados de la década de los 70 del siglo recién pasado, era la única que quedaba en Centroamérica en esos momentos El aumento de población en el norte del país, principalmente de la mestiza, afectó principalmente al departamento de Chalatenango, donde Cortez y Larraz enumeró siete pueblos indígenas y 21 aldeas mestizas. Debido a su rápido crecimiento, estas últimas ascendieron oficialmente a la categoría de pueblos entre 1770 y 185017. Sin embargo, no debe ignorarse el crecimiento de la población de los otros departamentos del norte: los habitantes de Cabañas, por ejemplo, aumentaron de 1,733 a 5,191 entre los años considerados en el cuadro anterior. Es posible que los incrementos de población en estas regiones18. puedan estar sobrestimados, tanto por las omisiones -que es de esperar fueran mayores en la primera fecha- como también por el crecimiento 15. Smith, Op. Cit., 1959, pag. 8. 16. Cardona, A., Monografías Departamentales, San Salvador, El Salvador, 1938, pag. 113. 17. Browning, Op. Cit., 1975, pag. 196 18. Tanto los que se derivan de estas cifras como los del Cuadro 4. y 1792, período durante el cual El Salvador exportó el 91% del añil de toda la América Central.Sin embargo, estas fuertes exportaciones cayeron temporalmente durante las primeras décadas del siglo XIX15, para recuperarse posteriormente. El aumento de la producción de añil -especialmente al norte del país- estuvo vinculado al incremento de la población en esta región, que fue resultado de otros dos factores: • Inmigración de población mestiza procedente de Guatemala, hacia 179116. • Fugas de poblaciones mestiza e indígena hacia la región norte del país, donde se establecieron en pequeñas aldeas aisladas, como lo cita el Obispo Cortez y Larraz en sus testimonios del período 1768-1770. A pesar que estos factores no transformaron radicalmente la distribución de la población del país al final del siglo XVIII, sí fueron capaces de aumentar la población de esta región del norte en menos de cuarenta años, modificando su composición étnica: Cuadro 1 1770 y 1807: Población de los Pueblos Chalatenango y Sensuntepeque, por Origen Étnico. 11Dinámica de las Migraciones en El Salvador. Arnoldo Sermeño 1.1.3. El Café. El aumento de la producción del añil entre 1807 y 1860 -principalmente en la zona norte del país y en San Vicente- fue acompañado por una reducción de esta producción en la región occidental de la meseta central21. Esta reducción se debió principalmente al hecho que esta región había comenzando a especializarse en el cultivo del café. Después de haberse emancipado de España en 1821, el nuevo Estado hizo varias tentativas por disminuir la fuerte importancia que tenía el añil en la economía nacional. Esos intentos eran inducidos por las fluctuaciones del precio en el mercado internacional y por el temor a las consecuencias del perfeccionamiento en la fabricación de los colorantes sintéticos, cuya noticia tuvo incidencia en esas oscilaciones a lo largo de todo ese período, hasta que afectaron definitivamente el precio entre 1879 y 1882. El café fue el cultivo sustitutivo más estimulado, especialmente a partir de 1846, año en el cual se inició una serie de medidas legislativas orientadas a estimular su producción. A pesar de que en teoría todo ciudadano se podía beneficiar de las medidas orientadas a estimular el desarrollo de nuevos tipos de cultivos, natural de la población, que ya se había iniciado en esa época, como puede observarse en el Cuadro 2. Sobre este tema, Browning19 reporta investigaciones efectuadas en 1636 por el alcalde de San Salvador y un sacerdote católico. La región norte del país, que se había despoblado entre 1550 y 177020, comenzó a repoblarse a partir del final del siglo XVIII. Las importantes modificaciones de la población de esta región, ocurridas principalmente en la primera mitad del siglo XIX, están vinculadas a la evolución de la producción del añil en la región y a la introducción de un nuevo cultivo: el café. Cuadro 2 1524-1992: Estimaciones de la Población de El Salvador. TEORIA Y PRAXIS No. 9, Noviembre 200612 19. Browning, Op. Cit., 1975, p. 127-128 20. Browning, Op. Cit., 1975. 21. Browning, Op. Cit., 1975, Mapa 17 22. Browning, Op. Cit., 1975, pag. 260. 23. Según figura en los decretos legislativos citados por Browning, Op. Cit., 1975, pp. 313, 314, 317 y 318. 24. Guzman, D., Apuntamientos sobre la Topografía Física de El Salvador, San Salvador, El Salvador, 1883, pag. 268. 25. - FAO, Coffee in Latin America: Productivity Problems and Future Prospects. Colombia and El Salvador, United Nations, New York, 1958, Mapas IV y V. - Browning, Op. Cit., 1975, Mapas 2 y 19 26. FAO, Op. Cit., 1975, Mapas IV y V. en la práctica pocas personas podían efectivamente iniciar el cultivo del café, que era el más rentable, pues exigía una fuerte inversión -de manera sostenida durante cinco años- antes de que pudiera obtenerse la primera cosecha del producto. Las personas que aprovecharon más los estímulos ofrecidos fueron por lo tanto aquéllas que, o bien tenían suficientes ahorros o bien facilidades de crédito, o bien propiedades para hipotecar. Es decir, los antiguos propietarios de las plantaciones de añil y los miembros de la elite urbana fueron quienes pudieron iniciar la trasformación de la producción del añil hacia la del café22. Antes de 1850, las antiguas tierras de la realeza se habían transformado en privadas, y fueron otorgadas prioritariamente a quienes cultivarían ahí nuevos productos. Las tierras de la iglesia siguieron la misma suerte en 1871. Pero estas medidas fueron juzgadas rápidamente como insuficientes, pues el “obstáculo principal” (sic)23 se consideraba que era la existencia de las tierras comunales y las municipales (ejidos), ambas administradas por los indígenas, y que ocupaban un cuarto del área del país, según el censo de tierras efectuado en 1879, para conocer la extensión de las tierras comunales. Estas tierras eran el obstáculo para las personas que querían convertirse en propietarios de las explotaciones cafetaleras. El Presidente de la República de la época calificó incluso a las comunidades indígenas como una “especie de persona jurídica de la peor laya, cuyo régimen estanca a la agricultura24”. Las mismas eran consideradas como un obstáculo, principalmente por dos razones: en primer lugar, estas nuevas explotaciones necesitarían de una población permanente y una población migrante estacional más numerosa que la requerida por el cultivo del añil. Pero las tierras comunales permitían a la población sobrevivir gracias a los cultivos de subsistencia que producían en ellas, sin tener necesidades de vender su fuerza de trabajo. Además, la coerción extra-económica que se podía ejercer sobre ellas había sido reducida considerablemente después de la independencia. En segundo lugar, las tierras comunales más pobladas estaban situadas en la meseta central del país, la cual posee una altitud considerable25 y suelos ricos26, convirtiéndola en la zona con características ecológicas más propicias para el cultivo del café. Para obtener estas tierras, así como también una mano de obra económicamente dependiente, era necesario -por lo tanto- eliminar esos “obstáculos”. Es lo que se intentó efectuar a partir de la mitad del siglo XIX, 13Dinámica de las Migraciones en El Salvador. Arnoldo Sermeño El incremento de la producción cafetalera salvadoreña fue considerable al compararla con la de los otros países centroamericanos: a mitad del siglo XIX, El Salvador importaba aún café desde Costa Rica, pero a inicios del XX su producción ya era la más importante en Centroamérica29. En 1950, 42.3% de la producción de café de toda la región era de origen salvadoreño30. Sin embargo, en la otra cara de la moneda estaban los afectados por la expropiación de tierras, quienes manifestaron su descontento por diferentes revueltas, las que estallaron principalmente en las regiones donde la cohesión indígena había sido más fuerte31: en los pueblos nonualcos del departamento de La Paz en 1832-1833; en Ahuachapán en 1842, 1854 y 1889; y en Sonsonate en 1932. y lo que se logró jurídicamente en 1881 y 1882, al aprobar la legislación que eliminó las tierras comunales y los ejidos. Existe una correspondencia geográfica entre las tierras comunales más pobladas -y con los suelos más ricos para el cultivo del café- y las primeras zonas cafetaleras que se implantaron en el país27. También es posible verificar que a la mitad del siglo XX estas zonas se habían extendido al oeste de San Salvador y al norte del país, aprovechando -en este último caso- los “suelos de arcilla roja28”, de menor calidad que los de la meseta central, pero superiores a los “suelos rocosos poco profundos” predominantes en esa zona. El aumento de la producción cafetalera en El Salvador fue explosivo: si a la mitad del siglo XIX aún era muy débil, hacia 1880 la superficie cultivada, así como su valor, sobrepasaban las del añil. Por ejemplo, la evolución del valor de las exportaciones de estos productos se observa en el siguiente cuadro: Cuadro 3 1864-1916: Valor de las Exportaciones de Añil y Café. TEORIA Y PRAXIS No. 9, Noviembre 200614 27. - Browning, Op. Cit., 1975, Mapas 16 y 19 y pag. 246 - FAO, Op. Cit., 1958, Mapa V. 28. FAO, Op. Cit., 1958, Mapas IV y V 29. Krug, C. et De Poerck, R., Enquête mondiale sur le café, Organisation des Nations-Unies pour l’alimentation et l’agriculture, Etudes agricoles de la FAO, No. 76, Rome, 1969, pp. 210, 221, 238, 246 y 257. 30. CEPAL, Evolución de la Integración Económica en Centro América, Naciones Unidas, Nueva York, 1966, pag. 240. 31. - Barón Castro, R., Op. Cit., 1942, pag. 138. - Browning, D., Op. Cit., 1975, pp. 115 y123. 32. Browning, D., Op. Cit., 1975, Mapa 17 33. Browning, D., Op. Cit., 1975, pp. 2456, 248 y 308. 34. FAO, Op. Cit., 1958, Cuadro 12 y Gráfico IV. Por otra parte, en lo concerniente a la distribución de la población se ha indicado que hacia 1770 la mayoría de ella estaba concentrada en la meseta central del país, y que la población de la zona norte disminuyó entre 1550 y 1770, como consecuencia de la existencia contradictoria entre las haciendas de añil y las comunidades indígenas. Asimismo, se ha mencionado que esta región del norte se repobló a fines del siglo XVIII, cuando aumentó la producción de añil en esta región, así como por los que huían desde la meseta central y a la migración mestiza que llegó de Guatemala. Este repoblamiento aumentó durante la primera mitad del siguiente siglo, a tal punto que -según las enumeraciones efectuadas entonces- la población de esta región aumentó considerablemente entre 1769 y 1878, como puede observarse en el Cuadro 4. Esto subraya la correspondencia entre estos datos y los relativos a la producción de la época, a pesar de las limitaciones impuestas por la calidad de la información. Las tasas de crecimiento de la población en los departamentos donde la producción de añil aumentó en ese período (Chalatenango, Cabañas, Morazán, La Unión, San Miguel y San Vicente32) son superiores a la tasa del conjunto del país, lo que permite pensar que esos departamentos tuvieron saldos migratorios netos positivos, es decir, que constituyeron departamentos de atracción migratoria. Santa Ana y La Libertad, donde se desarrollaba más aceleradamente el cultivo del café33, también tenían una tasa superior a la del total nacional, debido al efecto de atracción migratoria, pues al inicio del cultivo es cuando las necesidades de mano de obra son mayores34. Por otra parte, las estimaciones para Sonsonate, La Paz y San Salvador, donde las comunidades indígenas habían sido más pobladas -y con la cohesión más fuerte- llevan a pensar que tuvieron una emigración de sus poblaciones. Esto es coherente con la hipótesis que éstas prefirieron partir antes que permanecer en sus antiguas tierras en vía progresiva de expropiación. Cuadro 4 1769 y 1878: Tasa de Crecimiento Anual de las Poblaciones Departamentales. 15Dinámica de las Migraciones en El Salvador. Arnoldo Sermeño Esta redistribución de la población entre el final de los siglos XVIII y XIX sugiere la idea de una migración hacia el norte del país, tanto a causa de las expropiaciones de las tierras comunales y de los ejidos -vinculado a los orígenes de las explotaciones cafetaleras de la meseta central-, así como también por el aumento de la producción de añil en esa época, principalmente en esta región del norte del país. La relación observada entre los datos de población -por un lado-, y los de la producción de añil y café, por la otra, permite avanzar la hipótesis del vínculo entre los dos fenómenos; análisis que debería profundizarse, utilizando los registros parroquiales de la época. 1.1.4. Una Nueva Redistribución de la Población. A fines del siglo XIX, el perfeccionamiento de los colorantes sintéticos indujo la caída del precio del añil, y volvió poco rentable su explotación en las zonas que lo cultivaban, localizadas principalmente al norte del país. Ya el precio se había visto afectado por otros factores, como la competencia del añil producido en la India, Carolina (Estados Unidos) y Venezuela. Además, posteriormente se vio influido por los efectos de la Guerra de Secesión en los Estados Unidos, que redujo la cantidad de materia prima -como el añil- requerida por la industria textil. El efecto de los métodos de producción utilizados para el añil también afectó su producción, pues incluía la quema cada tres años, afectando la delgada capa de suelos rocosos de la región del norte, especialmente cuando se estimuló el incremento de la producción en esa zona, a inicios de dicho siglo. Otro factor que lo afectó fue la relocalización en esa época de las inversiones hacia la meseta central, donde la explotación cafetalera estaba siendo estimulada. TEORIA Y PRAXIS No. 9, Noviembre 200616 35. Censos de población respectivos. 36. Cardoso, C. y Pérez, H., Centroamérica y la Economía Occidental (1520-1930), Editorial Universidad de Costa Rica, San José, Costa Rica, 1977, pp. 260 y 263. 37. Banco Central de Reserva de El Salvador, citado por Cuellar, O., Las Tendencias en Centroamérica y el Caso de El Salvador: el Período 1960-1975, mimeografiado, Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, Departamento de Ciencias Políticas y Sociales, San Salvador, El Salvador, 1977. Ver pag. 9. 38. Banco Central de Reserva de El Salvador, Revista Mensual, Septiembre-Octubre de 1983; Revista del Banco Central de Reserva, Julio-Agosto 1984; Revista del Banco Central de Reserva, Julio-Agosto-Septiembre 1985 a 1989; Revista Trimestral, Julio-Agosto-Septiembre 1992 a 1996. 39. En 1995, la maquila concentraba 39.5% del valor de las exportaciones. Sin embargo, el valor del café todavía era importante ese año: representaba más de la quinta parte del valor total de las exportaciones. 40. Diario Oficial, citado por Browning, D., Op. Cit., 1975, pp. 313-314. Gradualmente, la población se alejó de las regiones del norte, y se concentró principalmente en la meseta central, en parte porque ahí se concentraba el nuevo cultivo y las ciudades más importantes, y en parte porque la costa aún no ofrecía condiciones de salubridad adecuadas, debido a la malaria y a plagas de insectos, que diezmaban población y cultivos. El efecto acumulativo de esta relocalización de la población hizo que en los censos de 1930, 1950, 1961, 1971 y 1992, el departamento de San Salvador concentrara el 13%, 16%, 19%, 21% y 30%, respectivamente, del total de la población del país35. Para explicarse esta reubicación de la población, además de los factores de expulsión, también deben considerarse otros factores, cuya acción es considerable e interligada: •El crecimiento de la importancia del café en la economía nacional. •La concentración de la riqueza que de ello se derivó. •El rol de las ciudades. El café ocupó rápidamente el lugar más importante en la economía nacional: además de convertir a El Salvador en un país exportador de café en la segunda mitad del siglo XIX, el valor de las exportaciones salvadoreñas de café aumentó considerablemente en poco tiempo: en 1881 representaba 59% del valor total de sus exportaciones, mientras que en 1904 era 81%36. Incluso en 1971, cuando el total de exportaciones comprendía ya a otros productos agrícolas y no agrícolas de exportación, el valor de las exportaciones del café representaba 44% de las exportaciones totales37. En las siguientes décadas esta importancia osciló: 58.1% en 1980, 66.7% en 1985, 45.4% en 1990 y 21.9% en 199538. La disminución este último año está asociada con la importancia porcentual que la maquila y las remesas familiares han cobrado en el valor de las exportaciones39. La rapidez del crecimiento de la importancia del café dependió en gran medida de la eficacia de las medidas de apoyo implementadas para favorecer este cultivo: el decreto legislativo que eliminó las tierras comunales estaba fechado el 26 de febrero de 1881, y el 18 de mayo del mismo año, otro decreto creó la oficina del registro legal de las nuevas propiedades, así como un banco para otorgar a los propietarios de tierras privadas40. 17Dinámica de las Migraciones en El Salvador. Arnoldo Sermeño Por otra parte, nueve bancos hicieron su aparición entre 1867 y 189541, favoreciendo desde entonces la emisión de préstamos para el cultivo del café. Este apoyo prevaleció hasta mediados de este siglo, cuando los créditos y redescuentos estuvieron mayoritariamente destinados al apoyo de la producción cafetalera: Cuadro 5 1953-1957: Clasificación de Créditos y Redescuentos otorgados por el Banco Central de Reserva de El Salvador. TEORIA Y PRAXIS No. 9, Noviembre 200618 41. Banco del Salvador (1867); Banco Hipotecario Agrícola (1872); Banco Internacional de El Salvador (1880); Banco Particular de El Salvador, que se convirtió en Banco Salvadoreño (1891); Banco Occidental (1889); Banco de Nicaragua (1893), que se convirtió en el London Bank of Central America (1896); Banco Agrícola Comercial (1895); Banco Industrial de El Salvador (1895); e incluso el convenio de 1883 firmado entre el Banco Italiano y Caja de Ahorro. Silva, J., “Los Primeros Bancos de El Salvador”, en La Prensa Gráfica, edición del 3 de abril de 1978, pp. 7 y 82. 42. Browning, D., Op. Cit., 1975, Mapa 23. 43. 63% de las plantaciones cafetaleras del año agrícola 1954-1955 fueron establecidas antes de 1940 (FAO, Op. Cit., 1958, pag. 135). Para el año agrícola 1962-1963, 86% de las explotaciones cafetaleras habían empezado antes de 1942 (Krug, C. y De Poerck, R., Op. Cit., 1969, pag. 220) 44. FAO, Op. Cit., 1958, pag. 109 Paralelamente a la puesta en ejecución de un aparato jurídico y económico apropiado, el desarrollo del Estado -y sus compromisos internacionales- fueron hechos en función del estímulo a la producción del café. A fines del siglo XIX, la compañía Salvador Railway Company -de capital inglés-, construyó la primera red de trenes del país, vinculando Sonsonate al puerto de Acajutla, ambos situados al oeste y en una de las regiones más ricas para el café, por lo que pudo vincular más fácilmente su producción a esta vía de exportación. Mas tarde, la compañía estadounidense International Railroad of Central America vinculó ese tramo con San Salvador, así como con otra vía férrea guatemalteca, para exportar el café de estos dos países desde Puerto Barrios, puerto guatemalteco sobre el Océano Atlántico. Para 1940, era evidente el vínculo entre la distribución geográfica del café y la red ferroviaria y de carreteras asfaltadas en el país42. Toda esa armonización en función del cultivo del café permitió tanto un crecimiento acelerado de su producción43. como también la concentración de la propiedad: en 1954-1955, las explotaciones cafetaleras mayores de 50 Has. representaban únicamente el 2.1% del total de explotaciones, pero concentraban el 43% de la superficie total44. 45. Krug, C. y De Poerck, R., Op. Cit., 1969, pag. 220 46. Cardoso, C. y Pérez, H., Op. Cit., 1977, Cuadro IX..3.C 47. El valor de exportaciones de café era entonces de US$ 47.6 y US$ 88.1 millones, respectivamente. Guidos J., Op. Cit., 1974, pag. 34 48. Banco Central de Reserva de El Salvador, Revista Mensual, Septiembre-Octubre de 1983; Revista del Banco Central de Reserva, julio-Agosto 1984; Revista del Banco Central de Reserva, Julio-Agosto- Septiembre 1985 a 1989; Revista Trimestral, Julio-Agosto-Septiembre 1992 a 1996. En 1965, ese mismo 2.1% de las explotaciones concentraba el 60% de la superficie45, lo que representa un aumento considerable de la concentración en un período relativamente breve. Sin embargo, las fluctuaciones del precio del café, provocadas principalmente por la crisis económica mundial de 1929 y por la segunda guerra mundial46, hicieron que -hacia 1950- las inversiones empezaran a diversificarse hacia nuevos sectores, incluyendo otros productos agrícolas (principalmente el algodón), ganadería, industria, bancos y comercio. A pesar de esa diversificación, la producción permaneció vinculada a los productores cafetaleros: en 1975, el control de las sociedades anónimas le estaba estrechamente vinculado: Cuadro 6 1975: Sociedades Anónimas, según Control por Grupos Económicos. *En colones de 1975. 19Dinámica de las Migraciones en El Salvador. Arnoldo Sermeño En lo concerniente al cultivo del algodón, fue estimulado particularmente a partir de los años 50 del siglo XX, cuando la estimulación económica favoreció la utilización de vacunas e insecticidas en la región costera del país, cuyo sistema ecológico era apropiado para ese cultivo. El valor de las exportaciones de algodón pasó de US$ 1.1 millones a US$ 17.6 millones entre 1949 y 195647, y -como puede observarse en el Cuadro 7- la superficie cultivada aumentó considerablemente, a pesar de la disminución al final de los años 60, que fue provocada por la competencia internacional y por problemas ecológicos, especialmente por el uso indiscriminado de insecticidas, la erosión y la voracidad del algodón sobre el fósforo y el nitrógeno del suelo. La superficie cultivada con algodón se vió sustancialmente disminuida posteriormente: para la cosecha de 1990-1991, la superficie cultivada se había reducido a 8,700 manzanas, y para 1994-1995 a 2,50048. Sin embargo, para 1967 se observaba que las obra de infraestructura habían sido continuadas en función de la localización geográfica de los productos de exportación, pues tanto la red ferroviaria como la de carreteras asfaltadas se habían extendido para garantizar la vinculación de las zonas de cultivo del algodón hacia los puertos de exportación49. El estímulo a este cultivo estuvo estrechamente ligado al de la industria: más del 50% de los decretos del Estado favoreciendo el desarrollo industrial entre 1952 y 1959 fueron dirigidos en provecho de las industrias que utilizaban el algodón o la caña de azúcar como materia prima50. El cultivo del algodón no necesitó de mucha mano de obra agrícola51, sino más bien al contrario: favoreció la emigración de personas que antes plantaban cultivos de autoconsumo o que trabajaban como colonos para las explotaciones de la región. En consecuencia, el algodón estimuló la emigración por el desempleo en las zonas rurales donde se estableció. 1.2. Sobre el Vínculo entre el Desarrollo Socioeconómico y las Migraciones Internas. Las comunidades indígenas no lograron integrarse a la producción de nuevos cultivos, a pesar de los esfuerzos que hicieron con tal fin a fines del siglo XIX52. La no integración tuvo muchas razones, entre las que se cuentan: insuficiencia de capital, el considerable período que separaba el inicio de las actividades y la obtención de la primera cosecha, así como también la ausencia de facilidades de crédito. Debe agregarse también el rol del analfabetismo prevaleciente en la población indígena, que le impedía enterarse del otorgamiento de nuevas tierras o de plazos antes de una expropiación, lo cual les obstaculizaba solicitar una prolongación de los derechos sobre sus propiedades tradicionales, pues toda esa información sólo se comunicaba por escrito y en castellano. En breve, puede decirse que las acciones efectuadas en todos los campos para estimular los nuevos productos, especialmente el café, beneficiaron TEORIA Y PRAXIS No. 9, Noviembre 200620 49. Browning, D., Op. Cit., 1975, Cuadro 23 50. Mena, D., Op. Cit., 1978, pag. 13 51. Browning, D., Op. Cit., 1975, pag. 358 52. Browning, D., Op. Cit., 1975, pp. 286 a 291 Cuadro 7 1936-1975: Superficie cultivada con Algodón (Mzs.) 53. Dirección General de Estadística y Censos, DIGESTYC, III Censo Agropecuario, 1971, San Salvador, El Salvador, Cuadro 14. 54. -DIGESTYC, II Censo Agropecuario, 1961, San Salvador, El Salvador, pp. XXII-XXIII -DIGESTYC, III Censo Agropecuario, 1971, San Salvador, El Salvador, Cuadros 13 y 14. fundamentalmente a quienes tenían una posición socioeconómica previa suficientemente solvente, mientras que la población indígena, así como la mayoría de la población mestiza, no lograron beneficiarse en forma alguna. La consecuencia fue una fuerte concentración de la propiedad de la tierra. En 1971, el 0.7% de las propiedades agrícolas tenían más de 100 Has., y concentraban 39% de la superficie del total de propiedades; en el otro extremo, 49% de las propiedades tenían menos de una hectárea, y sólo comprendían 5% de la extensión total53. Al impacto de ese fenómeno sobre la migración de la población rural debe agregarse el efecto de la disminución del número de pequeñas explotaciones de subsistencia, forzando así aún más a la población a buscar su futuro en otra parte: las explotaciones trabajadas en el sistema de colonato, con una extensión inferior a 1 Ha. disminuyeron entre 1961 y 1971: en 1961 representaban 40% del conjunto de explotaciones de este tamaño, y ocupaban 39% de su superficie total; mientras que en 1971 esos porcentajes habían pasado a 23% y 22%, respectivamente54. Los efectos de la evolución de la economía nacional sobre la migración son variados. Sin embargo, es posible identificar algunas tendencias generales. Antes de hacerlo, debe tenerse presente que estas tendencias generales son acumulativas en el tiempo. En el caso salvadoreño, puede decirse que la acumulación primitiva se inició en el siglo XIX, cuando la población indígena perdió las tierras donde practicaba una agricultura de subsistencia. Desde entonces, ella debió partir y vender su fuerza de trabajo. La eliminación de las antiguas formas de propiedad rural y las posibilidades de trabajo ofrecidas por el trabajo estacional implicaron migraciones sea hacia las zonas de cultivo de productos de exportación o hacia las ciudades o, también, hacia el extranjero. La orientación que la evolución económica salvadoreña dio a los movimientos internos de población está caracterizada principalmente por la oposición económica de dos regiones: una más “moderna”, que se identifica con el departamento de San Salvador, que es de atracción migratoria; y la otra es el resto del país, y particularmente a los departamentos de Chalatenango, Cabañas, Morazán y La Unión, de los que se ha mencionado que sufrieron los resultados de la caída del cultivo del añil, el agotamiento de la delgadas capas de suelo y el abandono de las inversiones en ellos, y la redirección de éstas hacia las zonas ecológicamente más propicias para el cultivo del café. Esta tendencia migratoria iniciada a fines del siglo XIX no ha hecho más que continuar e incluso acelerarse durante el siglo XX. A pesar del aumento de 21Dinámica de las Migraciones en El Salvador. Arnoldo Sermeño la densidad demográfica en todos los departamentos, el Cuadro 8 muestra el continuo incremento de la concentración porcentual de la población salvadoreña en San Salvador, en detrimento de los otros departamentos y, especialmente, de los cuatro antes mencionados. El cuadro muestra que entre 1930 y 1992, el departamento de San Salvador pasa de concentrar el 13.3% al 29.5% de la población enumerada en el país, y su densidad demográfica pasó de 216 a 1,706 habitantes por kilómetro cuadrado, entre esos mismos años. En ambos indicadores se observa que el incremento experimentado por ese departamento ha ido en aumento con el tiempo, mostrando su mayor crecimiento entre 1971 y 1992. Debe precisarse que la noción de departamento de atracción o de repulsión migratoria no es absoluta, pues diversas subregiones de ellos pueden presentar tendencias contradictorias a la general. Pero hay dificultades para efectuar un análisis más desglosado. Por ello debe tenerse presente la relatividad de las tendencias descritas. Asimismo, al mencionar regiones más o menos “modernas”, se trata únicamente de una connotación relativa, para facilitar la descripción. Cuadro 8 1930-1992: Distribución Porcentual de la Población y Densidad Demográfica, por Departamento. TEORIA Y PRAXIS No. 9, Noviembre 200622 El aumento de concentración de población en el departamento de San Salvador es el resultado de la degradación de las condiciones socioeconómicas en los otros departamentos, así como también de la concentración en dicho departamento de las principales actividades industriales, comerciales, financieras, culturales, políticas, etc55. Esta concentración de actividades en ese departamento le dio la imagen de ser una región donde era posible mejorar la situación socioeconómica, principalmente para aquéllos más afectados por el deterioro de sus condiciones de vida en el resto del país. La esperanza no carece parcialmente de fundamento: ya en 1971, el departamento de San Salvador concentraba 27% de las empresas industriales del país, 44% de los establecimientos de servicios, 33% de los comercios y 92% de las empresas de construcción56. Asimismo, ahí se habían vertido 84% de los salarios de los establecimientos comerciales del país57. Esto permite comprender por qué este departamento concentraba la mayor parte de la población económicamente activa en los dos últimos años censales: 22.5% en 1971y 33.7% en 199258. Como un indicador de lo anterior, el Cuadro 9 muestra que, tanto en 1971 como en 1992, San Salvador concentraba la mayor proporción de población económicamente activa ocupada en los principales sectores de la actividad económica, con excepción de la agricultura, posiblemente por la naturaleza de actividades de ese departamento. San Salvador pasó de concentrar 22.8% de los ocupados de ambos sexos al 34.2% entre esos años; mientras que en el caso de los hombres aumentó de 18.0% a 28.9%, y en el de las mujeres, si bien el incremento es menor (de 42.9% a 47.5%), debe considerarse que desde el primero de esos años ese departamento concentra casi a la mitad de las ocupadas. 55. Yanes, G., El Salvador y su Desarrollo Urbano en el Contexto Centroamericano, Ministerio de Educación, Dirección de Publicaciones, San Salvador, El Salvador, 1976. 56. DIGESTYC, Censos Económicos, 1971, San Salvador, El Salvador (3 Vols.), Vol II, pag. XXVI. 57. DIGESTYC, Censos Económicos, 1971, Op. Cit., Vol III, Cuadro IX. 58. DIGESTYC, IV Censo Nacional de Población, 1971, San Salvador, El Salvador, Vol. II, Cuadros 6, 8 y 9; y DIGESTYC, V Censo Nacional de Población y IV de Vivienda, 1992, Tomo General y Tomo IV, Cuadro 1 de Características Económicas de la Población. 23Dinámica de las Migraciones en El Salvador. Arnoldo Sermeño Cuadro 9 1971 y 1992: Porcentaje de PEA Ocupada, Censada en el Departamento de San Salvador, con relación a la del Total del País, según Sector y Género. TEORIA Y PRAXIS No. 9, Noviembre 200624 Al comparar por sector económico, se observa una situación diferente entre los géneros. La concentración de ocupados hombres en San Salvador aumentó ligeramente en casi todos los sectores económicos59, mientras las mujeres disminuyen en casi todos. Ya se mencionó que las mujeres económicamente ocupadas están concentradas en ese departamento, y el cuadro muestra que su elevado porcentaje total se diferencia del de los hombres especialmente en los Otros sectores60. El único rubro donde crecen significativamente es en la industria. El sexo femenino presenta saldos migratorios positivos hacia San Salvador más elevados que el masculino61, motivando posiblemente que ese departamento concentre porcentajes más altos de la PEA femenina que la masculina trabajando en actividades mal definidas: 68.8% de las mujeres que trabajaban en Otras actividades en el país, se encontraban concentradas en ese departamento en 197162 y 53.1% en 199263. En el caso de los Servicios, 61% de la PEA femenina de San Salvador que estaban ocupadas en este sector trabajaban como empleadas domésticas en 197164 y 53.7% en 199265. Ese porcentaje también era elevado para el conjunto del país en 1971 (59%)64 y 1992 (56%),65 pero -como se observa en el Cuadro 9- aproximadamente la mitad trabajaba en San Salvador, tanto en 1971 (52.6%) como en 1992 (46.4%). 59. Aunque en Comercio comparten la disminución que ocurre a nivel total y en el sexo femenino. 60. La llamada “b” del Cuadro 8 muestra que el sector de Otros está constituido por: minas, electricidad, instituciones financieras, transporte, comunicaciones, construcción y trabajos públicos, actividades indeterminadas e imprecisas. 61. Sermeño Lima, J. A., La mesure de la migration interne au El Salvador, 1950-1975, Tesis Ph. D., Université de Montréal, Canada, 1979; Cuadros III.3, III.4, IV.6, Iv.9, VI.4, VI.5, VI.8, VI.9, VII.1, E.1, E.2, E.3,E.5,E.5, E.7 y E. 10 62. DIGESTYC, IV Censo Nacional de Población, 1971, Vol. II. Cuadro 8. 63. DIGESTYC, Censos Nacionales. V de Población y IV de Vivienda, 1992, Tomo General y Tomo VI, p. 313. 64. 11% de la PEA de este departamento no estaba ocupada (Cuadros 2, 8 y 9 del Censo de Población de 1971, Vol. II) 65. DIGESTYC, Censos Nacionales. V de Población y IV de Vivienda, 1992, Tomo General y Tomo VI, p. 310. Debe agregarse que en los últimos dos censos, las mujeres que laboraban como empleadas domésticas en San Salvador representaban 33% de la PEA femenina total de ese departamento en 1971,64 y 15.9% en 1992.65 Debe señalarse que a pesar de esa atracción migratoria hacia San Salvador, la situación socioeconómica de su población no era ideal en esos años: 20.5% de la PEA no ocupada del país estaba en San Salvador en 197163 y 51.6% en 199264. Además, en el cuadro anterior puede observarse la importancia que tiene entre los ocupados de los sectores comercio (sobrestimado por el micro comercio, de sobrevivencia), servicios (sobredimensionado por el servicio doméstico y otras ocupaciones similares) y “Otros” (sobrestimado por las actividades indeterminadas e imprecisas, donde se ocultan muchos subempleados y desocupados que declaran mal su situación ocupacional). Por otra parte, como puede verse en el Cuadro 10, para 1971 este departamento tenía las condiciones socioeconómicas más ventajosas, a pesar de estar lejos de ofrecer condiciones óptimas. De igual manera, en el mismo cuadro se observa que los cuatro departamentos del norte (Chalatenango, Cabañas, Morazán y La Unión), presentaban indicadores más desfavorables que el resto. El porcentaje de PEA que estaba ocupada como trabajador familiar no remunerado en esos departamentos era tan elevado que constituía por sí mismo una causa para la salida de su población. Es lo que efectivamente se observa en ese cuadro: esos departamentos muestran las tasas de migración neta negativas más elevadas. Además, esos departamentos son los que sufrieron a fines del siglo XIX el efecto de la caída del cultivo del añil y el inicio del agotamiento de sus tierras. 25Dinámica de las Migraciones en El Salvador. Arnoldo Sermeño TEORIA Y PRAXIS No. 9, Noviembre 200626 El Cuadro 11 presenta estimaciones de la tasa de migración interna utilizando dos metodologías. Según la primera, San Salvador y la Zona Metropolitana se convierten en el único departamento o región, respectivamente, de atracción migratoria interna entre los períodos 1951-1961 y 1961-1971. Al utilizar el método de flujos migratorios, se une a esa situación el departamento de La Libertad y la región Central I, que lo comprende. Debe tenerse presente que la cabecera de dicho departamento, Santa Tecla, y el municipio de Antiguo Cuscatlán se encuentran conurbados con San Salvador, además de formar parte de la Zona Metropolitana. La intensidad migratoria se ha incrementado en las últimas fechas: las tasas del período 1988-1992, son más elevadas que las del conjunto del período 1984-1992, tanto a nivel departamental como regional. Esta intensificación reciente produce que, al comparar los períodos 1971-1975 y 1988-1992, se observe un incremento considerable en el total del país (pasa de 8.1 a 11.2 por mil), y en todas las tasas negativas. Se observa además una reducción de la tasa positiva de la región Central I, así como una concentración de la migración en la Zona Metropolitana. Cuadro 10 1971-1973: Algunos Indicadores del Nivel de Vida de la Población, y de la Vocación Agrícola de las Tierras, por Departamento. Cuadro 11 Tasa Anual de Migración Interna Neta por Departamento y por Región, en los períodos 1951-1961, 1961-1971, 1971- 1975, 1984-1992 y 1988-1992. 27Dinámica de las Migraciones en El Salvador. Arnoldo Sermeño Los departamentos del norte atrajeron 43% de los inmigrantes internacionales del período 1966-197166. Sin embargo, la mayor parte de esos inmigrantes estaba constituido por nativos de esos departamentos, que regresaron por el conflicto bélico con Honduras en 1969: ello ocurría en 92% de las personas que inmigraron desde el extranjero hacia Morazán y 87% de los inmigrantes a La Unión, así como en 95% de las que lo hicieron tanto hacia Chalatenango 66. Sermeño Lima, J., Op. Cit., 1979, Cuadro VI.13 TEORIA Y PRAXIS No. 9, Noviembre 200628 como a Cabañas67. Por lo tanto, no se trataba más que del regreso forzado hacia el departamento de nacimiento, de personas que inicialmente se habían alejado de ahí en busca de oportunidades en el extranjero. El Cuadro 12 muestra que los flujos migratorios internos hacia las regiones Central I y Zona Metropolitana se han intensificado con el tiempo: fueron menores en 1996-1971 que en 1971-1975, y éste -a su vez- tuvo valores menores que en 1988-1992. En el mismo cuadro se observa que el mayor volumen del flujo migratorio interno del período 1984-1982 se concentró entre 1988-1992. Son precisamente estas dos regiones las que tienen saldos migratorios positivos, y también las que concentran a la mayoría de inmigrantes internos o ¨Entrantes¨, durante esos cuatro períodos: 45%, 51% y 58.7% del total de entrantes de cada período están concentrados en la Zona Metropolitana; mientras que 23%, 30% y 26.2% están en la región Central I. En todos los períodos, los entrantes hacia la Zona Metropolitana provienen principalmente de las regiones Central I y Oriental; la Central I recibe la mayor parte de sus entrantes de la Zona Metropolitana. Para explicarse esto último, debe tenerse presente que, como ya se dijo, las cabeceras departamentales de la Libertad y Cuscatlán -departamentos integrantes de la región Central I- se encuentran conurbadas con la Zona Metropolitana, lo que hace que 45% de los emigrantes internos o Salientes de la Zona Metropolitana sean a la vez entrantes hacia la Central I en 1966-1971, 63% en el 1971-1975 y 74% en 1988-1992, es decir muestran una tendencia al ascenso; asimismo, los salientes de la Central I que se fueron a la Zona Metropolitana representaron 61%, 76% y 80% del total en cada uno de esos períodos. En lo concerniente al total de salientes, todas las regiones contribuyen con un porcentaje aproximadamente semejante, aunque es mayor en las regiones Central I y Oriental. El Cuadro 12 permite estimar los flujos netos migratorios para cada período. Del mismo puede deducirse que hay un aumento en el volumen de los flujos entre las regiones del país de un período al otro. Asimismo, la tendencia de los flujos de migración neta permaneció idéntica entre esos períodos, y puede resumirse en el cuadro a continuación: 67. Idem, Cuadro VI.26 29Dinámica de las Migraciones en El Salvador. Arnoldo Sermeño En el cuadro anterior puede observarse la atracción de la Zona Metropolitana, que tiene saldos positivos con todas las otras regiones. La Central I, que también es de atracción, presenta un saldo neto negativo sólo con la Zona Metropolitana. Entre las regiones de repulsión migratoria, la Occidental tiene un saldo positivo con las Central II y la Oriental; la Región Central II lo tiene con la Oriental, de la cual es vecina; esta última tiene saldos negativos con todas las demás. Cuadro 12 Situación Migratoria de la Población Enumerada en 1971, 1975 y 1992, por Región de Enumeración y según el lugar de Residencia al inicio de los períodos 1966-1971, 1971-1975, 1988-1992 y 1984-1992. a) Período 1966-1971 TEORIA Y PRAXIS No. 9, Noviembre 200630 67. Idem, Cuadro VI.26 b) Período 1971-1975 c) Período 1988- 1992 31Dinámica de las Migraciones en El Salvador. Arnoldo Sermeño 68. El porcentaje de la población nacida en el extranjero fue: 69. Sermeño Lima, Op. Cit., 1979, Cuadros D.1, E.8 y E.9 del Anexo. La disminución en 1975 se debe tanto al crecimiento natural de la población como al efecto en el censo de 1971 del regreso de salvadoreños que estaban en Honduras hasta 1969, pues del total de enumerados en 1971 que vivían en el extranjero en 1966, 67% habían nacido en El Salvador. d) Período 1984- 1992 1.3. La Estructura Migratoria de las Poblaciones Regionales en 1971 y 1975. 1.3.1. Componentes de la Estructura. Tanto en los censos como en la encuesta, la mayor parte de la población censada en el país era nacida en El Salvador68. Se limitará el análisis a los períodos 1966-1971 y 1971-1975, pues son los que cuentan con el nivel de desglose necesario. Al analizar las poblaciones enumeradas en 1971 y 1975 según su situación migratoria durante los períodos 1966-1971 y 1971-1975, el porcentaje de personas que vivían en el extranjero al inicio de cada uno de esos períodos era reducido con relación a la población enumerada: 1.4% en 1971 y 0.2% en 197569. TEORIA Y PRAXIS No. 9, Noviembre 200632 70. 33Dinámica de las Migraciones en El Salvador. Arnoldo Sermeño Se recuerda que se usará el término Entrantes o Salientes para los movimientos migratorios ocurridos dentro del país: Entrantes para quienes llegaron a una región, Salientes para quienes la abandonaron. Por otra parte, el término de Inmigrantes se usará para quienes llegaron a El Salvador desde el extranjero. Por el tipo de información utilizada, se limitan estos últimos a los nacidos en el país. 71. Sermeño Lima, Op. Cit., 1979, Cuadro E.11 del Anexo. 72. Idem. TEORIA Y PRAXIS No. 9, Noviembre 200634 35Dinámica de las Migraciones en El Salvador. Arnoldo Sermeño Cuadro 13 Estructura Porcentual de la Situación Migratoria de la Población Nacida en El Salvador (Ambos Sexos), de 5 años y más de Edad al final de los períodos 1966-1971 y 1971-1975, por Región de Enumeración al Final de cada Período. TEORIA Y PRAXIS No. 9, Noviembre 200636 1.3.2.Tasa de los Tipos de “Entrantes”. Cuadro 14 Tasas de Migración Interna de la Población Nacida en El Salvador, con 5 años y más de Edad al final de los Períodos 1966-1971 y 1971- 1975 (Ambos Sexos), según el Tipo de Movimiento Migratorio. (Tasas por Mil) 37Dinámica de las Migraciones en El Salvador. Arnoldo Sermeño 73. 74. 75. 76. TEORIA Y PRAXIS No. 9, Noviembre 200638 Cuadro 15 1966-1971 y 1971-1975: Estructura Porcentual de los “Salientes” por Región de Residencia al Inicio de cada Período y según Tipo de Salientes, en la Población de Ambos Sexos, con 5 años y más de edad al final de cada Período. 39Dinámica de las Migraciones en El Salvador. Arnoldo Sermeño Cuadro 16 1966-1971 y 1971-1975: Estructura Porcentual de los “Salientes” del Flujo entre las Regiones Central I y Zona Metropolitana, según el tipo de Salientes, en la Población de Ambos Sexos, con 5 años y más de edad al final de cada Período. 1.4. El Rol de las Ciudades: El Caso de la Zona Metropolitana de San Salvador. A lo largo del período colonial, se consideró a las tierras, los indígenas y los productos de unas y otros como propiedades del poder colonial. Para mantener ese estado de cosas, se requería la presencia de representantes en el nuevo mundo, que pudieran velar por sus intereses y salvaguardar su autoridad. Estos representantes tuvieron que proteger las propiedades reales, principalmente de los mismos conquistadores y sus descendientes, quienes querían aprovechar al máximo las oportunidades ofrecidas por los nuevos territorios, y aprovecharse de la lejanía para compartirlas lo menos posible con la corona. Para contrarrestar esa tendencia se emitieron leyes que mantenían bajo la autoridad central todos los dominios de la vida política (legislativa, fiscal, administrativa, etc.) y económica (comercio, propiedad, producción, etc.). El poder real buscaba por este medio asegurar el control de los productos, tierras y población. Los funcionarios de la corona se instalaron en las ciudades nuevas o en las antiguas ciudades o pueblos indígenas, modificando las estructuras de los últimos. Desde la conquista, la función de las ciudades latinoamericanas consistió en ser el nudo de las relaciones entre la metrópoli y la colonia. Además, ellas eran el lugar de residencia de los conquistadores y de las autoridades locales, quienes lograban ahí un relativo confort material, inexistente en el resto del país77. 77. Martínez, S., La Patria del Criollo, Editorial Universitaria Centroamericana, San José, Costa Rica, 1975 (3ª Edición), 786 pp. Ver pp. 304 a 306. TEORIA Y PRAXIS No. 9, Noviembre 200640 Así, las ciudades creadas por la conquista española no suscitaron la especialización de la producción, sino que ellas constituían más bien la sede administrativa local del poder colonial78. Asimismo, ellas tampoco propiciaron los vínculos entre las ciudades, sino que su rol consistió en servir de vínculo entre el resto del país y la metrópoli. Ellas tampoco difundieron ningún desarrollo a las regiones vecinas, pues eran prácticamente parásitas del resto del país, y las comodidades materiales relativas que ofrecían a algunos de sus habitantes se debían principalmente a la riqueza material y humana del resto del país. Después de la independencia, la importancia administrativa, comercial y cultural de las ciudades se reforzó, prosiguiendo así la tendencia iniciada durante el período colonial. Esta situación se profundizó cuando las ciudades concentraron las nuevas actividades económicas, como la industria. Sin embargo, aprovechando la infraestructura institucional que ya había sido creada, ellas continuaron cumpliendo su función tradicional de vínculo entre el resto del país y los nuevos polos hegemónicos internacionales. Esto explica por qué las principales ciudades de los países latinoamericanos -la capital, en el mayor número de casos- se convirtieron en polos de concentración de la administración pública, industria, servicios, etc., así como también polo de concentración de una proporción considerable de población. En el caso salvadoreño, es principalmente San Salvador la ciudad que ha llenado esas funciones, y la que ha atraído una parte considerable de la población nacional79. El Cuadro 13 muestra que 34.2%80 y 45.7%81 de la población salvadoreña enumerada en la región metropolitana de San Salvador en 1971 y 1975, había nacido en otras partes del país. La Región Central I presenta también valores importantes de población no nacida ahí: 14.0%y 14.1% respectivamente, posiblemente por contener a las ciudades de Santa Tecla y Cojutepeque, conurbadas con la capital. La concentración de actividades “modernas” en San Salvador se inscribe como una continuación del rol central que las ciudades latinoamericanas han jugado en la historia, haciendo que la mayor parte de capitales se conviertan 78. Castells, M., La question urbaine, Ed. François Maspero, Paris, 1977, 529 páginas. Ver pag. 81 79. Ver: ·Cuadros 8, 12 y 13. ·Sermeño Lima, J., Op. Cit., 1979, Cuadros 1.13 y VIII.7, y Mapas VI.1, VI.4 y VIII.6 80. Constituido por: a) 28.3% de personas nacidas en las otras regiones del país, y que llegaron a la Zona Metropolitana antes de 1966; b) 5.5% por salvadoreños nacidos en otras regiones, y que llegaron a la Zona Metropolitana entre 1966 y 1971; y 0.4% por salvadoreños no nacidos en la Zona Metropolitana, pero que habían partido previamente hacia el extranjero y que inmigraron desde ahí hacia dicha Zona entre 1966 y 1971. 81. Constituido por: a) 37% de personas nacidas en las otras regiones del país, y que llegaron a la Zona Metropolitana antes de 1971; b) 8.6% por salvadoreños nacidos en otras regiones, y que llegaron a la Zona Metropolitana entre 1971 y 1975; y 0.1% por salvadoreños no nacidos en la Zona Metropolitana, pero que habían partido previamente hacia el extranjero y que inmigraron desde ahí hacia dicha Zona entre 1971 y 1975. 41Dinámica de las Migraciones en El Salvador. Arnoldo Sermeño en el centro hacia donde convergen la mayor parte de movimientos migratorios, como reacción a condiciones más “retrasadas” en el resto del país. El Cuadro 17 presenta sin embargo algunos indicadores que ponen en evidencia las diferentes condiciones de vida que prevalecían en 1975 entre la Zona Metropolitana de San Salvador con relación a las otras regiones del país, según las características de los hogares (parte “a” de dicho cuadro) o de los individuos (parte “b”). No se tuvo acceso a información similar para otra fecha, por lo que no pudo efectuarse comparación entre ellas. Se observa que 76.4% de los hogares de la Zona Metropolitana tenían un ingreso familiar mensual superior a ¢200, que para entonces se consideraba el nivel mínimo de subsistencia familiar82. De las otras regiones, la que tenía el porcentaje más alto era la Occidental, que apenas llegaba a 32.2%. Asimismo, la diferencia entre el porcentaje de hogares con electricidad es evidente entre la Zona Metropolitana (94.1%) y el resto del país, que -al igual que en el caso anterior- la siguiente región con porcentaje elevado era la Occidental, que sólo llegaba a 64.5%. El acceso al agua por acueducto interno era de 45.8% en los hogares de la Zona Metropolitana, seguido por la zona Occidental con sólo 16.2%. El servicio sanitario vinculado a red de alcantarillado era accesible al 42.5% en la primera; seguida por la Occidental, con 9.8%. Los hogares que utilizaban electricidad o gas propano en esas regiones se elevaban a 51.3% y 9.1%, respectivamente. En el caso de las características individuales, se observa también la concentración de mejores condiciones de vida en la Zona Metropolitana: 87.3% de su población estaba alfabetizada, seguida siempre en segundo lugar por la Occidental, con 59.9%. El porcentaje de población que trabajó más de 35 horas durante la semana anterior a la encuesta se elevaba a 46.5% y 41.8%, respectivamente. Las otras regiones apenas llegaron al tercio de su población. El nivel de ingreso de esa misma población denota una diferencia salarial evidente entre las regiones: mientras sólo 13.6% de la residente en la Metropolitana ganaba menos de ¢100, en las otras el porcentaje andaba alrededor del 40%83. Asimismo, la Zona Metropolitana tenía más de un tercio de su población ocupada trabajando como empleado a sueldo fijo (38%), mientras que las otras regiones presentaban valores considerablemente inferiores: el más alto entre ellas sólo llegaba a 11.1%. De igual manera, la Metropolitana apenas presentaba 3.6% de sus ocupados laborando como trabajador familiar no remunerado, mientras que el más bajo en las otras regiones era de 10.1% 82. Ibisate, F., “Secuestro de la Renta Nacional”, Boletín de Ciencias Económicas y Sociales, Año I, No. 5, Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”, San Salvador, El Salvador, 1978; pp. 38 y 44. 83. Sin embargo, debe tenerse cuidado en sacar conclusiones al trabajar con un alto desglose de la población, pues los resultados de la encuesta pierden representatividad: el cuadro muestra en los rangos salariales situaciones difícilmente aceptables, como al comparar el porcentaje de quienes ganaron ¢1,000 ó más entre los que trabajaron 35 horas o más en la Zona Metropolitana (5.2%) contra las otras regiones, donde esa población osciló entre 10.3% y 30.4%, produciendo un total del país de 17.8%. TEORIA Y PRAXIS No. 9, Noviembre 200642 A pesar de lo anterior, debe indicarse que la Zona Metropolitana presentaba condiciones de vida igualmente difíciles: 60.5% de sus hogares estaban hacinados, 19.1% carecían de baño, 13.7% tenían piso de tierra, 6.3% habitaban en vivienda improvisada. Además, 34% de la población con 7 años y más de edad eran analfabetas funcionales, y 14.6% de los que tenían 10 años y más trabajaban como empleados domésticos. Entre las personas con 10 años o más de edad, que habían trabajado entre 1 y 34 horas semanales, más de dos terceras partes (69.8%) tenían un ingreso mensual inferior a los ¢200, que ya se indicó era el nivel mínimo de subsistencia familiar para esa época; y entre quienes habían trabajado 35 horas o más, era superior a la mitad de esa población (54.5%). Si se considera el ingreso familiar mensual -suma del ingreso de todos los miembros del hogar-, casi la cuarta parte de los hogares de la Zona Metropolitana (23.6%) tenían un presupuesto inferior a los ¢200 por mes. Sin embargo, como ya se indicó, las condiciones de vida en la Zona Metropolitana muestran una polarización positiva con respecto a las otras regiones. No obstante, al interior de la Zona Metropolitana se encuentra también esa misma diferencia en las condiciones de vida, que aunque trasciende las características migratorias de la población, no dejan de guardar una correlación. Sin querer profundizar en la situación de los migrantes hacia la Zona Metropolitana, en el Cuadro 18 pueden compararse algunos indicadores de las condiciones de vida entre la población que la encuesta de 1975 enumeró como nacida en la Zona Metropolitana contra aquélla que había llegado ahí procedente del resto del país. Puede observarse que la mayor parte de quienes habían llegado hacia dicha Zona tienen condiciones menos favorables que las de los nacidos ahí, mostrando que los migrantes sólo benefician parcialmente de las mejores condiciones de vida en la capital. Cuadro 17 1975: Información Relativa a la Estructura de los Hogares y de la Población por Región, según Indicadores de Nivel de Vidaa. 43Dinámica de las Migraciones en El Salvador. Arnoldo Sermeño TEORIA Y PRAXIS No. 9, Noviembre 200644 Cuadro 18 1975: Características de Nivel de Vida de los Hogares y de la Población de la Zona Metropolitana, según su Situación Migratoriaa. 45Dinámica de las Migraciones en El Salvador. Arnoldo Sermeño TEORIA Y PRAXIS No. 9, Noviembre 200646 2. La Migración Internacional. 2.1. Aproximación Cuantitativa a la Migración Internacional en El Salvador. 2.1.1. La Población Salvadoreña en el Exterior. No es fácil obtener información sobre la población salvadoreña censada o encuestada en el extranjero. En el Cuadro 19 se presenta alguna información de los emigrados salvadoreños en el tercer cuarto del siglo pasado, recolectada por el programa IMILA (Investigación de la Migración Internacional en Latinoamérica) del Centro Latinoamericano de Demografía, CELADE. Se observa en primer lugar que, si esas cifras son cercanas a la realidad, la emigración salvadoreña en esa época no era remarcable. En segundo lugar, que Honduras fue en esa época su principal destino en 1950 y 1960. Así lo reporta también un documento de la época: “Los censos de las décadas 1950 y 1960 de los países considerados como receptores de población salvadoreña, muestran que 60% de los salvadoreños enumerados fuera del país habitaban en Honduras84”. En tercer lugar, el cuadro muestra que en 1970 los principales destinos de los emigrados fueron Guatemala y los Estados Unidos, pudiendo atribuir el descenso de las cifras en Honduras posiblemente al conflicto bélico entre los dos países en 1969: 84. CELADE, DIGESTYC, MIPLAN, La Población de El Salvador por Sexo y Edad en el Período 1950-2000. Principales Indicadores Demográficos, San Salvador, El Salvador, 1977, pag. 43. Cuadro 19 Población Salvadoreña Enumerada en Algunos Países, en los Censos de las Décadas de 1950, 1960 y 1970. 47Dinámica de las Migraciones en El Salvador. Arnoldo Sermeño 2.1.2.La Población Extranjera Censada en El Salvador. El Cuadro 20 muestra la distribución de la población extranjera censada en El Salvador en los último cuatro censos de población efectuados, clasificada por género y nacionalidad, mostrando además su Indice de Masculinidad. Puede observarse la importancia de la población hondureña entre los extranjeros censados en El Salvador, en ambos géneros y en todos los censos: representa 48.7%, 42.5%, 59.6% y 33% del total de la población extranjera en 1950, 1961, 1971 y 1992, respectivamente85. 85. Se encuentra información por país de nacimiento solamente en los censos de 1950 (Cuadro 6) y 1992 (Cuadro 10 del Tomo General), cuando el porcentaje de hondureños sobre el total de extranjeros era de 48.7% y 33% respectivamente. En 1961 y 1971 la información con que se cuenta es el país de nacimiento de la población de nacionalidad extranjera. TEORIA Y PRAXIS No. 9, Noviembre 200648 Cuadro 20 Distribución de la Población Extranjera Censada en El Salvador, por Género, País de Nacionalidad e Indice de Masculinidad en 1950, 1961, 1971 y 1992. 49Dinámica de las Migraciones en El Salvador. Arnoldo Sermeño El fuerte crecimiento en términos absolutos de la población extranjera entre 1961 y 1971 puede atribuirse principalmente a dos factores: en primer lugar, a problemas en la calidad de los datos en 196186; y en segundo lugar, a las personas que habían nacido en Honduras y que tuvieron que ingresar a El Salvador en 1969, por el conflicto bélico, acompañando ya sea a su cónyuge o a su padre o madre salvadoreños, que habían emigrado hacia Honduras antes de ese año87. En términos relativos, llama también la atención el incremento entre 1971 y 1992 de las personas nacidas en el continente americano, pero fuera de Centroamérica, cuya importancia relativa aumentó de 12.6% en 1971 a 30.1% en 1992. En este último año, las mayores concentraciones en esta categoría estaban entre las personas nacidas en Estados Unidos y México, que significaron respectivamente el 16.8% y 5.1% del total de extranjeros censados ese año en El Salvador88. Esas dos nacionalidades constituyeron 72.9% del total de americanos no centroamericanos censados en El Salvador en 199289. Por otra parte, diferente a lo encontrado en el caso de los salvadoreños censados en Honduras en 1950, el Indice de Masculinidad muestra que en los censos salvadoreños la población extranjera femenina fue mayor que la masculina, en la mayor parte de años censales y nacionalidades, con tendencia a incrementarse con el tiempo. La excepción estuvo constituida por aquellas personas que no habían nacido en el continente americano90. En lo referente a la concentración de la población nacida en el extranjero, el Cuadro 21 muestra que ella ha estado concentrada principalmente en el departamento de San Salvador: en 1950 ahí vivía 32.1% de los extranjeros, en 1961 ascendió a 67.2%, en 1971 a 29.7% y en 1992 asciende a 46.6%. Realmente éste es el año con porcentaje más elevado, si se considera que en 1961 hubo problemas en la calidad de la información91. El otro polo de concentración de los extranjeros han sido los departamentos fronterizos con Honduras, donde fueron censados el 44.8%, 21.1%, 43.3% y 31.2%, respectivamente92. El crecimiento de la población extranjera en los departamentos fronterizos con Honduras en 1971 se debe principalmente al 86. Problemas de calidad en el censo de 1961 se evidencian al comparar los ciudadanos extranjeros (15,751) contra los nacidos en el extranjero (36,139). Además, ambas subpoblaciones tienen tendencias diferentes: mientras los primeros aumentaron ligeramente entre 1950 y 1961 (de 15,452 a 15,751), los segundos casi se duplicaron (de 19.291 a 36,139). La primera crece entre 1961 y 1971: pasa de 15,751 a 23,979; mientras que la segunda se redujo de 36,139 a 32,167. Esto se concentra en el departamento de San Salvador. Ver Sermeño Lima, J., 1950-1975: “La mesure….”, Op. Cit., 1979, Montreal, Canada, Capítulos 1 y 2. Ver Cuadros I.29 y I.30. 87. En lo referente a los hijos, ver Cuadro 22. 88. Van sólo después de Honduras (33.0%) y Guatemala (17.2%) en el total de extranjeros censados en 1992. 89. DIGESTYC, Censos Nacionales, V de Población… 1992, Volumen General, Op. Cit., pag.254. 90. La información de base no permite concluir si es un rasgo real, o se debe a un sesgo en la calidad de la enumeración. Sin embargo, debe remarcarse que de ser un sesgo, se incrementa con el paso del tiempo. 91. Ver Sermeño Lima, J., 1950-1975: La mesure…, Op. Cit., 1979, Montreal, Canada, Capítulos 1 y 2. Cuadros I.29 y I.30. 92. El descenso del porcentaje en los departamentos fronterizos con Honduras en 1961 se debe principalmente a calidad en la información, como ya se indicó previamente. TEORIA Y PRAXIS No. 9, Noviembre 200650 regreso de los salvadoreños en 1969, quienes venían acompañados de cónyuges e hijos nacidos en dicho país: la mayor parte de personas que habían partido hacia Honduras habían nacido en los departamentos salvadoreños fronterizos con dicho país. A su regreso por el conflicto bélico, es ahí donde se encontró la mayoría de inmigrantes salvadoreños93. Es decir, el regreso de esos salvadoreños aumentó ahí el número de personas nacidas fuera de El Salvador. Sin embargo, debe enfatizarse que los departamentos fronterizos con Honduras tienen, individualmente, un porcentaje de población extranjera considerablemente más pequeño que San Salvador, incluso en 1971, cuando sólo habían pasado dos años del regreso de los salvadoreños por el conflicto con Honduras, quienes en muchos casos vinieron acompañados de cónyuges e hijos nacidos en dicho país. Por ejemplo, La Unión, que entre los departamentos fronterizos con Honduras era entonces el que tenía el porcentaje más elevado de población nacida en el extranjero, concentraba aproximadamente 13% para cada género, mientras que San Salvador alcanzaba cerca de 30%, también para cada género94. Cuadro 21 Distribución Porcentual de la Población Nacida en el Extranjero, por Género y Departamento de Enumeración en 1950, 1961, 1971 y 1992. 93. 67% de la inmigración hacia El Salvador entre 1966 y 1971 fue de personas nacidas en El Salvador. 74% de estos inmigrantes habían nacido en los departamentos fronterizos con Honduras, habiendo censado ahí mismo al 59% en 1971, mientras que el resto se había desplazado al resto del país entre 1969 y 1971. Ver Sermeño Lima, J., 1950-1975. La mesure…., Op. Cit., 1979, Cuadros VI.12 y VI.26. 94. DIGESTYC, IV Censo Nacional de Población, 1971, San Salvador, El Salvador, Cuadro 21 51Dinámica de las Migraciones en El Salvador. Arnoldo Sermeño 95. Idem. En lo concerniente al movimiento migratorio de los niños, puede considerarse que la inmensa mayoría son efectuados acompañando a su familia. El Cuadro 22 muestra que en 1971 ocurrió un incremento radical del porcentaje de población extranjera menor de 15 años en el conjunto de la población extranjera de todos los departamentos salvadoreños, especialmente en los fronterizos con Honduras; posiblemente por la inmigración de los hijos de salvadoreños, que habrían nacido durante la estadía de los últimos en dicho país, antes del conflicto de 1969, especialmente por el período involucrado, como también por los datos del Cuadro 20, donde se observó que el porcentaje de hondureños entre los extranjeros censados en El Salvador aumentó de 42.5% en 1961 a 59.5% en 1971. Además, el peso del total de hondureños entre todos los extranjeros censados en 1971 fue superior a 90% en cinco de los seis departamentos fronterizos con Honduras95. Sin embargo, el cuadro muestra también que el incremento experimentado por el porcentaje de menores de 15 años censados en 1971 como extranjeros mantuvo su tendencia al aumento en el censo de 1992, en cuatro de los seis departamentos fronterizos con Honduras. Cuadro 22 El Salvador, 1950, 1961, 1971 y 1992: Porcentaje de Población Extranjera Menor de 15 Años, entre el Total de Población Extranjera, y Porcentaje de Población Total Hondureña entre el Total de la PoblaciónExtranjera, por Departamento. TEORIA Y PRAXIS No. 9, Noviembre 200652 2.1. La Emigración Salvadoreña Reciente. 2.2.1. Cuantificación de la Emigración Reciente. Cuantificar los emigrantes salvadoreños resulta difícil, no sólo por la omisión que se deriva de la emigración que ocurre sin autorización migratoria; sino que también porque no todas las fuentes estadísticas de otros países muestran información sobre los centroamericanos, desglosada según su país de nacimiento o nacionalidad. Esta última dificultad cobra mayor importancia fuera del continente americano. El cuadro a continuación muestra en primer lugar un sustancial incremento en la emigración salvadoreña en las última décadas: entre los años 70 y 80 creció en 73.1% mientras que entre las décadas de los 80 y 90 lo hizo en 300.6%. Este crecimiento puede atribuirse tanto a los factores estructurales acumulativos, mencionados en la sección 1, como también al conflicto bélico que experimentó el país en el último período mencionado. Otra tendencia a subrayar es el cambio de rumbo: el mismo cuadro muestra que, si en los años 70 sólo 24.4% de quienes partían hacia el resto del continente lo hacían fuera de Centroamérica, en los 80 aumentó a 78.5% y en los 90 llegó a 93.2%: 53Dinámica de las Migraciones en El Salvador. Arnoldo Sermeño 96. Pellegrino, A., “La Migración Internacional en América Latina”, en Notas de Población No. 62, CELADE. Citada en Magid A., Op. Cit., 1999, pag. 36 Cuadro 23 Emigrantes Salvadoreños Intra y Extrarregionales alrededor de 1970, 1980 y 1990. En lo que a Norteamérica respecta, en el Cuadro 24 se constata la mayor atracción ejercida por los Estados Unidos hacia esos emigrantes salvadoreños, al concentrar entre 84% en los años 70 hasta 91.3% en los 90, siendo ese destino el único que se ha mantenido creciente en el tiempo. Por otra parte, se observa que Canadá muestra el mayor incremento en el primer período (533.5%), aunque el de Estados Unidos también era elevado (500.9%) y en el siguiente período fue el mayor: Cuadro 24 1970, 1980 y 1990: Población Nacida en El Salvador y Censada en Norteamérica. Esto ha hecho que los emigrados salvadoreños constituyan en los Estados Unidos una minoría en expansión: con relación a los latinoamericanos, pasaron de 0.9% en la década de los 70, a 2.2% en los 80 y a 5.5% en los 90. Para esos mismos años y para el total de inmigrantes hacia dicho país, los salvadoreños constituyeron el 0.2%, 0.7% y 2.4% respectivamente96. TEORIA Y PRAXIS No. 9, Noviembre 200654 Debe agregarse que la emigración salvadoreña en la última década estuvo principalmente dirigida hacia los Estados Unidos: 89.6%, seguida de lejos por Guatemala (2.8%), Canadá (2.2%), Costa Rica (1.7%), Honduras (1.5%), México (1.0%), Panamá (0.5%), Nicaragua (0.4%) y el resto del continente (0.4%)97. Su impacto en la población del país es considerable: se estima que en los años 90, los emigrados significaron 9.5% de la población total de El Salvador98. A lo indicado en los cuadros 19 y 24 debe agregarse otras estimaciones más recientes: como mínimo, el porcentaje de población salvadoreña residiendo en los Estados Unidos ha pasado de significar el 0.2% de la población viviendo en El Salvador el año 1960 a 13.0% en el año 200099, como puede apreciarse en el Cuadro 25. Sin embargo, hay otras estimaciones que consideran superior ese porcentaje: según el Mumford Institute, de la Universidad de Albany, en el año 2000 los emigrados significaban 17.8% de la población del país, pero según datos del gobierno salvadoreño podría llegar a 39.9%. Sin embargo, considerando el estatus legal de los salvadoreños en dicho país, pareciera que la cifra real podría estar más cerca de lo estimado por el referido instituto, dado que para el año 2002, la suma de aquellos que habían adoptado la nacionalidad estadounidense, los residentes permanentes, los solicitantes de asilo en proceso regular y los beneficiarios del TPS por el terremoto de 2001, los salvadoreños en Estados Unidos sumaban aproximadamente 1,082,703, sin considerar a los indocumentados. Para dicho año, los no documentados se estimaban en 189 mil salvadoreños100. 97. Maguid, A., Gente en Movimiento: Dinámica y Características de las Migraciones Internacionales en Centroamérica, Organización Internacional para las Migraciones, OIM; San José, Costa Rica, 1999; pag. 20. 98. Idem; pag. 17. 99. Este porcentaje sería de 10.4% al trabajar con los 655,165 salvadoreños indicados en Andrade-Eekhoff, K., Mitos y Realidades. El Impacto Económico de la Migración en los Hogares Rurales, FLACSO, 2003, pag. 9. Sin embargo, sería de 13% con los 817,366 reportados en Organización Internacional para las Migraciones, Inmigración y Emigración en Centroamérica a Inicios del Siglo XXI: Sus características e Impacto, Mayo 2004, Cuadro 2.1. A resultados semejantes a estos últimos llegan otros, al estimar los salvadoreños en Estados Unidos en 2000, basándose en el 1% de viviendas del censo de los Estados Unidos ese año: con 833,803 estimados, llegan al 13.3% en Castillo, M. y Corona, R., “Los Centroamericanos en Estados Unidos: Tendencias y Patrones Recientes”, en ECA. Estudios Centroamericanos, UCA, San Salvador, El Salvador, Año LIX, Julio-Agosto 2004, pag. 691 100. Andrade-Eekhoff, K., Mitos y Realidades…, Op. Cit., 2003, pag. 11. 55Dinámica de las Migraciones en El Salvador. Arnoldo Sermeño Cuadro 25 Estimaciones de la Población Salvadoreña Residiendo en El Salvador y en Estados Unidos. El conflicto armado que afectó al país en los años 80 ejerció sin duda una fuerza expulsora importante para su población, habiendo incrementado el flujo emigratorio en 373% en esa época, según el Cuadro 24, y haciendo crecer el número de emigrados hacia Norteamérica en 4.7 veces entre 1980 y 1990. Sin embargo, no puede pasarse por alto que también las razones estructurales de la situación socio-económica del país jugaron un papel clave como causas de la emigración, pues el incremento porcentual de los emigrados en el período precedente al inicio abierto del conflicto ya era incluso mayor (476%), habiendo hecho crecer los emigrados hacia dicha región en 5.8 veces entre 1970 y 1980. La aseveración anterior cobra aún más fuerza si se considera que en la siguiente década se contó incluso con facilidades migratorias otorgadas por la legislación estadounidense, como fue por ejemplo el Immigration Reform and Control Act, del 6 de noviembre de 1986. Sin embargo, esa afirmación debe relativizarse, dada la naturaleza de la emigración salvadoreña, que parece dominada por movimientos no autorizados, no siempre captados en los censos de los Estados Unidos: un documento de 1993 de la Oficina del Censo de los Estados Unidos estima que tres cuartas partes de los salvadoreños habían llegado ahí entre 1980 y 1990: 35.4% en el período 1985-1990 y 39.8% en 1980-1984, y sólo 24.8% antes de 1980101. Es de esperar que aún entre los emigrados ahora ya con permiso documentado, la declaración de este último período se encuentre subestimada. Así lo estiman también cálculos de DIGESTYC, que concentran los saldos migratorios negativos persistentemente a lo largo de medio siglo, con valores más altos especialmente en la década del 80, supuestamente como reacción al conflicto bélico interno; y con los principales quiebres migratorios en los quinquenios 1965-1970, por la guerra con Honduras, y 1990-1995, al haber concluido el referido conflicto bélico interno. Según esas estimaciones, los saldos tuvieron dominancia femenina hasta 1965, convirtiéndose a continuación en mayoritariamente masculinos, en ambos signos: TEORIA Y PRAXIS No. 9, Noviembre 200656 101. Bureau of Census, The Foreign Born Population in the United States, 1993, citado en Maguid, A., Op. Cit., pag. 38. Así también lo señala la Organización Internacional para la Migraciones en Movimientos Internacionales a Través de las Fronteras Centroamericanas. El Salvador, Febrero 2004, pag. 6 Cuadro 26 El Salvador, 1950-2000: Saldo Migratorio Internacional por Género. (Miles de Personas) 57Dinámica de las Migraciones en El Salvador. Arnoldo Sermeño Por otra parte, en lo que respecta a la composición por género de la población emigrada, el Cuadro 27 muestra una aproximación utilizando las salidas migratorias de la población salvadoreña en los últimos 24 años, donde se evidencia un claro dominio cuantitativo de la población masculina. Cuadro 27 1980-2004: Salidas Migratorias de Población Salvadoreña por Género. Asimismo, la estructura por edad de los salvadoreños que salieron del país en los últimos dos años, permite tener también una aproximación a dicha estructura entre los emigrados. El Cuadro 28 revela que independientemente del género, la mayoría de esta población se concentra en edades aptas para trabajar. Es de esperar que aquellos que no regresan al país tengan una concentración aún mayor en esas edades. Llama también la atención la dominancia masculina en todos los grupos de edad, excepto en el de 60 años y más; lo que en parte podría deberse a la sobremortalidad masculina clásica, pero también podría obedecer al hecho que la población emigrada tienda a llevarse más a sus ascendientes femeninos al nuevo lugar de residencia. Por su parte, el Cuadro 29 muestra que los hogares salvadoreños con emigrados y cuyo jefe de hogar era un hombre, eran más numerosos en el año 2002, pero al año siguiente eran más numerosos aquellos con cabeza femenina. Esto denota o bien que esa característica no es permanente en el tiempo, o bien arroja dudas sobre la calidad del dato. Lo que sí queda constante entre lo dos años es que los jefes de hogar de género masculino fueron más numerosos ambos años en la zona rural, mientras que las mujeres lo fueron en la zona urbana. Independientemente de la zona y género del jefe del hogar, se observa que porcentualmente fueron más numerosos en 2002 y 2003 aquellos hogares que sólo tenían un familiar emigrado (poco más de 59% en cada año), aunque el porcentaje de aquellos con dos o tres también presentaban porcentajes significativos (30.5% y 31.1% respectivamente). Cuadro 28 2003-2004: Salidas Migratorias de Población Salvadoreña por Género y Grupos de Edad. TEORIA Y PRAXIS No. 9, Noviembre 200658 Cuadro 29 2002 y 2003: Distribución Relativa de los Hogares con Emigrados, según Cantidad de Emigrados, por Género del Jefe y Zona de Residencia. 59Dinámica de las Migraciones en El Salvador. Arnoldo Sermeño 2.2.1.Características de los Emigrados en los Estados Unidos y su Comparación contra los No Emigrados. El Cuadro 30 muestra que de los 465,433 salvadoreños censados en los Estados Unidos en 1990, 86.2% estaba en edad de trabajar (15 a 64 años), 11.3% eran menores de 15 años y sólo 2.6% eran adultos mayores. La mayor parte de ellos eran hombres, mostrando un Indice de Masculinidad de 106.9. 47.2% se declararon casados y 41.3% solteros, estando el 11.5% restante como separado, divorciado o viudo. 67.3% no había completado la escuela secundaria, 28.1% sí lo había hecho y 4.6% tenía estudios superiores o universitarios. La tasa de desocupación era de 10.5%, siendo más alta en las mujeres (12,.1%). De la población de 16 años de edad y más que se encuentra ocupada, 34.1% labora en servicios y 33.4% como trabajadores en la producción, reparación y transporte, lo que hace un poco más de los dos tercios del total (67.5%). Del restante, 15.1% lo hace como técnico, vendedor o empleado administrativo; 11.5% labora en ocupaciones agrícolas, forestales, de pesca y otros empleos no calificados; y sólo 5.8% trabaja como profesional o en cargos gerenciales. TEORIA Y PRAXIS No. 9, Noviembre 200660 Cuadro 30 61Dinámica de las Migraciones en El Salvador. Arnoldo Sermeño Al comparar la población emigrada con la que vivía en el país en 1990 en ese mismo cuadro, debe tenerse cuidado pues no sólo la integridad de la información y calidad del dato pueden variar, sino que no siempre los conceptos y momentos coinciden. Sin embargo, se ha intentado efectuar ese ejercicio, comparando la población emigrada con la enumerada por el censo de 1992 o por la encuesta de hogares de 1994. Puede observarse que la primera es más vieja, lo que era de esperarse, dado que en muchos casos los motivos de la emigración están vinculados a la búsqueda de oportunidades laborales: la población en edad activa entre los emigrados representa el 86.2% del total, mientras que en la del país es 56.2%; por otro lado, la población joven entre los primeros es de 11.3%, para 38.7% en la población viviendo en el país. En la composición por género, la población residente en El Salvador como era de esperar muestra un índice de masculinidad que denota una mayoría femenina; en el caso de los emigrados, por el contrario, se observa que los hombres han prevalecido en ese flujo migratorio. El estado conyugal muestra porcentajes similares entre quienes se encuentran casados o acompañados; mientras que la población emigrada tiene menos solteros, y más personas que han terminado su unión, ya sea por separación, divorcio o viudez. En lo relativo al nivel de instrucción, la población emigrada está compuesta en 32.7% por personas que por lo menos tienen educación secundaria completa, contra sólo 23.3% en la población que no emigró. Se verifica que está partiendo de El Salvador una población más instruida que el promedio que permanece en el país. Si bien el nivel universitario o superior no es tan abundante como el del no emigrante, quienes se van con su secundaria completa (28.1%) duplica en puntos porcentuales a los que permanecen (14.1%), constatando la observación ya indicada. Por otra parte, las reservas a la calidad de la información, integridad del dato, diferencias conceptuales son mayores en las características económicas de la población, por lo que es conveniente relativizar las aseveraciones que se deduzcan del cuadro en estas características. Las tasas de actividad son más altas entre la población emigrada, tanto para el total como para las mujeres. En el caso de la tasa de desocupación ocurre lo contrario, pudiendo sin embargo deberse a que en cada país hayan utilizado conceptos diferentes, incluyendo el límite de edad102. TEORIA Y PRAXIS No. 9, Noviembre 200662 102. 101. Bureau of Census, The Foreign Born Population in the United States, 1993, citado en Maguid, A., Op. Cit., pag. 38. Así también lo señala la Organización Internacional para la Migraciones en Movimientos Internacionales a Través de las Fronteras Centroamericanas. El Salvador, Febrero 2004, pag. 6 Asimismo, el cuadro muestra que entre las categorías de ocupación más frecuente en los emigrados están los trabajadores de los servicios, de la producción y del transporte, que concentran 67.5% del total, que sumados a los técnicos, vendedores y trabajadores administrativos llegan al 82.6%. Esto es coherente con los niveles de instrucción que prevalecen entre esa población. Por su parte, la población ocupada que permanece en El Salvador tiene como categoría más numerosa la de trabajadores agrícolas, forestales, pescadores y los que trabajan en ocupaciones no calificadas: más de la mitad de la población económicamente activa (51%). Las dos categorías que en los emigrados concentraban más de los dos tercios, acá sólo concentran menos del tercio (31.6%), y al agregar la tercera categoría de técnicos, vendedores y administradores, apenas totaliza 41%, es decir, aproximadamente la mitad de puntos porcentuales a que se llega en los emigrados en esas tres categorías que requieren mayor calificación. El cuadro permite constatar también las diferencias de ingreso entre ambas poblaciones: mientras que el familiar promedio de la población residiendo en El Salvador era de US$ 3,251 en 1994; el per capita familiar de los emigrados era US$ 8,405 en 1989. Como era de esperarse, este último es menos de la mitad en promedio, durante los primeros tres años de estadía en los Estados Unidos. Finalmente, se observa también que el porcentaje de familias viviendo en condición de pobreza entre los emigrados se acerca al cuarto de esa población (22.5%), lo que denota las difíciles condiciones en que les toca vivir a muchos de ellos en su lugar de destino. Sin embargo, las condiciones imperantes entre quienes permanecieron en El Salvador más que duplican en puntos porcentuales ese nivel: 52.8%, superando incluso a las condiciones de los emigrados más recientes, que llegan a 34.4%. 2.2. Las Remesas Familiares. Las remesas familiares han crecido en proporción directa al fenómeno emigratorio. En El Salvador, su valor aumentó en más de diez veces entre 1980 y 1985, y al comparar las remesas recibidas entre 1980 y 1996, el incremento es de 9,868.8%. Este fenómeno fue particularmente importante en dicho país, pues de los US$ 1,672.7 millones que recibió Centroamérica por ese concepto en el año 1996, casi las dos terceras partes (65%) tuvo por destino a El Salvador. Dicho país recibió ese año casi el doble que la suma de Guatemala (US$ 362.7 millones), Honduras (US$ 128.4 millones) y Nicaragua (US$ 95 millones). 63Dinámica de las Migraciones en El Salvador. Arnoldo Sermeño El Cuadro 31 resume el impacto que las remesas familiares han tenido sobre el PIB, donde pasó de 0.3% en 1980 a 16% en 1996; las exportaciones (1.0% a 59.9% respectivamente); las importaciones (1.2% a 35.1%); el valor de las exportaciones de su mayor producto de exportación tradicional, el café (1.8% a 320.5%); y en cuanto a la superación del déficit comercial, que pasó de representar el 44.6% en 1985 a 82.9% en 1996. Cuadro 31 El Salvador, 1980-96: Remesas Familiares y su Impacto sobre el PIB, Exportaciones, Importaciones y Déficit Comercial. TEORIA Y PRAXIS No. 9, Noviembre 200664 103. Diferenciado según alcancen o no a cubrir el costo de la canasta básica de alimentos, servicios, vestimenta, etc. 104. DIGESTYC, Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples, 1997, Tabulaciones Especiales. Citado en Maguid, A., Op. Cit., 1999, Cuadros 17 y 18. En 1997 habían 5.911 miles de personas ó 1,265 miles de hogares salvadoreños que recibían remesas, significando el 14.6% del total de hogares. De éstos, 15.1% estaban en el área urbana y 14.0% en la rural; 11.4% tenían un hombre por jefe y 23.0% a una mujer; 12.2% estaban en condición de pobreza y 16.9% fueron considerados como “No Pobres103”. El monto promedio de las remesas ese año se elevó a US$ 123.14 por hogar al mes104. La dependencia económica del país respecto a este rubro pudiera causar una conmoción, si por una u otra razón el flujo de remesas disminuyera. Debe tenerse presente que los Estados Unidos deportaron a 1,962 salvadoreños en 1992, ascendiendo a 2,360 en 1996. En este último año, había 7,714 salvadoreños en situación de ser deportados desde dicho país. Por su parte, México expulsó o rechazó a 26,643 y 20,904 salvadoreños, en los mismos años105. Aunque esas cifras no afectarían significativamente la cantidad de emigrados, sí podrían llegar a serlo en el futuro, de continuar desarrollándose tendencias recientes, como los patrullajes ciudadanos en las zonas fronterizas de Estados Unidos (Ranch Rescue, Minuteman, etc.), requerir documentos migratorios para obtener o renovar la licencia de conducir, etc. Por otra parte, al comparar el número de hogares salvadoreños con miembros emigrados (Cuadro 29) con aquellos que reciben remesas (Cuadro 32) se observa que, contrario a lo que era de esperar, los valores absolutos del primero son inferiores a los del segundo, en ambos años e independientemente del lugar de residencia y género del jefe, arrojando duda sobre la calidad de la información. Sin embargo, a nivel de estructura, el Cuadro 31 permite observar que en el conjunto de la población, aproximadamente dos tercios de los hogares que recibieron remesas en ambos años están por debajo de los US$ 200 mensuales, con un porcentaje significativo en el grupo de menos de US$50 mensuales (22.3% y 23.5%, respectivamente). Pero al analizarlo por género, esa situación sólo se observa en los hogares dirigidos por hombres en El Salvador. Los encabezados por mujeres tiene un porcentaje relativamente menor que el de los hombres en la categoría menor a US$50, concentrándose más a partir de los US$50, e incluso llegando a tener porcentajes más significativos que los encabezados por hombres en el grupo de US$300 a US$499, denotando que los hogares donde el emigrado es hombre perciben remesas de mayor monto. Esta situación se observa un poco más pronunciada en el año 2003 que en el 2002. Las encuestas que sirven de base al Cuadro 33 revelan en primer lugar que las cifras absolutas de los hogares que recibieron remesas aumentaron entre 2002 y 2003, pero igual situación se observa entre quienes no recibieron remesas, por lo que hace pensar que -si la calidad de la información es apropiada- puede deberse principalmente al crecimiento del número de hogares. Considerando que las estadísticas internacionales ubican a El Salvador entre los países con elevado porcentaje de población pobre, llama la atención en ese cuadro la elevada proporción de personas que fue calificado como no pobre en ambas encuestas, independientemente del lugar donde viva, 65Dinámica de las Migraciones en El Salvador. Arnoldo Sermeño 105. Maguid, A., Op. Cit., 1999. del genero del cabeza de familia y de que reciba o no remesas106. Al focalizar en aquellos hogares que recibieron remesas, puede subrayarse que para cualquiera de las subpoblaciones consideradas en ese cuadro, si los datos de ambas encuestas fuesen válidos, más de las dos terceras partes de los hogares recipiendarios fueron calificados como no pobres. Aunque el período para observar diferencias entre los años 2002 y 2003 es muy corto, se señala que si esa información tuviera alguna significación, debería enfatizarse que en la población de ambos géneros se obse